Modelos de negocio abierto y la Web Semántica.

logo de Open bussiness models¿Es posible compaginar modelos de negocio abierto y la Web Semántica? Esta pegunta me lleva persiguiendo algunos días a propósito de un proyecto metaweb en el que estoy embarcado. Ya comentamos que parece muy difícil compaginarlo en proyectos, en dos anteriores posts (éste y éste otro). Ahora pasamos a los modelos de negocio para esas redes. Veáse el interesante post ¿Empresas sobre redes sociales? del blog Industria y Servicios. Personalmente, distinguiría tres tipos de negocio:

  1. El negocio de la empresa administradora de la red (como por ejemplo FaceBook). Ese modelo de negocio es de tipo clásico. Si ajusta patrones para la organización de la información que generan los usuarios, parece compatible con la Web Semántica a medio plazo. Facebook mantiene algunas rigideces que invitan a organizar el conocimiento a partir de la ontología implícita que usa. Otros proyectos mucho más interesantes, como Innocentive son ya un buen negocio.
  2. El negocio que la red social conscientemente creada puede hacer emerger. Aquí entraría, por ejemplo, empresas montadas sobre ideas generadas en wikis. Lo que emerge será, posiblemente, una empresa Web 2.0 de tipo clásico, que es lo que buscarían los promotores de la Wiki seminal.
  3. Las empresas que emergen de redes sociales construidas de manera natural en redes sociales del tipo 1. De ésas aparecen en redes como Ning. La diferencia con las otras dos estriba en que no es una empresa generadora de la red (lo que la diferencia de (1)) y no tiene porqué existir una motivación explícita de creación ni de la red ni de la empresa. En este caso, no habría ninguna forma a priori de organización de la información. Es algo así como una declaración de conocimiento distribuido o declaración de capacidades. La capacidad común de la red (el valor de la empresa), no estará explícito ni organizado hasta mucho tiempo después. Negocio: la venta de esa capacidad a terceros. ¿Cómo? Pues no lo sé, ni siquiera creo que las actuales teorías de modelos de negocio abierto sean capaces de saber cómo irá esto.

Sólo los negocios de tipo (1) tendrían fácil una transición a la Web Semántica. Los segundos, con wikis semánticos, tienen posibilidades. Los últimos, remotamente.

El caos informacional asociado a aplicaciones sobre redes sociales… ¿Es inevitable?

logo de second lifeTodos percibimos que vivimos en un caos de información. Existen islas donde, mediante interpretacíones (conocimiento común), los humanos entendemos ciertos conocimientos. Adícionalmente, aprendemos mecanismos para capacitarnos en el uso (vivencia) en distintas redes sociales. Pero en general, esas redes de conocimiento son complejas, impredecibles y existe mucha información útil que es inmanejable, básicamente porque ni siquiera se sabe dónde está. Las posibles respuestas que se me ocurren son las que ya comenté en un post anterior. Estas razones están asociadas a la dinámica de la red, que en definitiva está formada por humanos.

Ahora el problema se traslada a otro tipo de caos informacional: el que se produce en aplicaciones Web 2.0 montadas sobre redes sociales (las que denominaríamos WebWeb 2.0). El caso paradigmático es Second Life, puesto que prácticamente ninguna de las aplicaciones, sociedades artificiales, sistemas geográficos etc. respeta un mínimo de organización del conocimiento que produce. Resulta sorprendente que en un mundo virtual, dominado por leyes (los scripts), no haya producido un metared social o una metaorganización que se comporte bajo patrones ontológicos claros. No me refiero al conocimiento global de la red; bastaría con una tipo significativo de conocimiento. Si eso ocurre ahora, ya nos podemos imaginar que ocurrirá en proyectos parecidos pero bajo P2P, como podría pasar a partir de the metaverse project o el más avanzado Open Croquet. De todas formas, no sorprende (dado el actual estado de la Web Semántica) que las empresas no se preocupen de este problema a la hora de invertir ingentes cantidades de dinero en mundos virtuales. Léase al respecto el artículo $1 Billion invested in 35 virtual worlds companies from October 2006 to October 2007. Las cifras que se manejan son impresionantes.

¿Por qué tiene interés esa pregunta? Básicamente, porque si no se establece una metodología para obtener organización parece muy difícil el éxito de los proyectos metaweb. Candidatos para punto de inicio existen:

  1. Ingeniería Ontológica. Quizás la más prometedora si se desea una organización ambiciosa del conocimiento. Por ejemplo, adaptando methontology. Limitaciones: la dinámica de las redes es, en ocasiones, increíblemente rápida.
  2. Limitarse a controlar el caos mediante la minería de ontologías (débiles y posiblemente parciales). Muy atractivo, fácil de diseñar pero con los problemas que comentamos en este post.
  3. Directamente, el diseño de un lenguaje que formatee la aportación de los usuarios. Opción ideal. Utópica en parte, pues pasar de describir un lenguaje de comunicación entre agentes a un lenguaje que describa todo lo importante de la aportación va más allá, incluso, de las descripciones ontológicas de servicios web semánticos.
  4. Por último, limitar la amplitud ontológica de las aportaciones. Manejable, pero la red sería muy pobre si no tiene, de manera clara, aceptado el ámbito de trabajo de la red. En el caso del proyecto en el que estoy embarcado, esta opción es la más prometedora, aunque reconozco que la primera es la mejor y más interesante.

La solución del problema que planteamos aquí es un tema de Tesis doctoral.

Funciones de reputación, valor del conocimiento y redes sociales

red social del nuevo testamento

Muchas de las redes sociales basadas en la aportación de información y/o conocimento por parte de los usuarios utilizan funciones de reputación para estimar el interés de cada información aportada y, en definitiva, para estimar la confianza en el usuario (son su incidencia en la confianza de la información que aporta éste). Las funciones de reputación suelen ser numéricas, y basadas en factores que son adaptados durante las primeras etapas de la red.

En un contexto de Web Semántica -con independencia de la confianza que ésta promueve- este tipo de aproximaciones lastran, a mi juicio, deficiencias evidentes. La calidad del conocimiento no puede ser medida mediante una función numérica, a no ser que ésta dependa en cierta organización del conocimiento proporcionado por una ontología. En una próxima entrada trataré este problema. Previamente, es necesario comentar algunas limitaciones actuales de las funciones de reputación:

  1. La posibilidad de que alguien encuentre la forma de maximizar la función de manera artificial es bastante probable con el paso del tiempo. Es necesario puntualizar, de todos modos, que la optimización no sería fácilmente automatizable debido a que ciertos parámetros dependen de flujos de datos y no sólo de datos.
  2. La inteligencia colectiva juega, precisamente, en contra de una función justa si el número de usuarios muy activos es relativamente pequeño con respecto al número de visitantes. Es decir, si por ejemplo existe coordinación emergente mediante relaciones intra-red (que incluso pueden ser ajenas a la propia temática de la red). Este tipo de comportamientos colectivos podría en casos extremos sintetizar mecanismos de exclusión a largo plazo, mediante acciones coordinadas que desvirtuen el valor de la función de reputación.
  3. En menor grado, la semiótica emergente juega en contra de la expansión de la red. El nacimiento de un lenguaje propio y exclusivo en una red con mucha interacción puede hacerla poco atrayente a los nuevos usuarios. No existe, que conozca, ninguna función que estime este parámetro de manera fiable, y es muy importante tenerlo en cuenta por parte de los administradores (para poder reformar la función de reputación).
  4. La limitación puramente matemática. Es muy difícil (por no decir imposible), pensar que un sistema dinámico de este tipo va a tener la estabilidad suficiente como para que la función no alcance máximos locales inesperados en ciertos estados. De hecho, en la propia reformulación de la función se puede provocar su existencia. Está claro que ante una situación extrema el administrador estará obligado a hacer cambios que no están justificados en los documentos donde se expresaba las reglas básicas de funcionamiento. Este tipo de situaciones son tremendamente impopulares en las redes de usuarios más críticos (como pueden ser los defensores del software libre), pues se considerarían de carácter “antidemocrático” y precisan de una completa justificación. Curiosamente, en proyectos de carácter masivo como Youtube, stage6 o flickr se admite como natural la censura por parte de los administradores (y a juicio de éstos). Sin embargo, en general, cuando la función de reputación o popularidad es explícita y los usuarios pueden influir en sus valores de manera manifiesta, una decisión no documentada previamente por parte del usuario será muy discutida y podría incluso provocar abandonos.

En el caso de una red Metaweb aparece, adicionalmente, la necesidad de combinar esta función con parámetros asociados al conocimiento. La aproximación que vamos a adoptar en el proyecto que comenté en el post anterior va a ser muy novedosa: estimaremos la similaridad entre la ontología pensante del usuario (calculada por el sistema) con la ontología de conocimiento común de la comunidad de usuarios. Es decir, será más confiable aquel usuario que acepte con el tiempo los compromisos ontológicos generados por la comunidad (mediante stream mining). Esta es la idea con la que partimos. El problema que puede plantear la semiótica emergente estaría resuelto (punto 3). Los máximos en la función de reputación coincidirían con la aceptación de la ontología del sistema como la propia (y por tanto redundaría en la calidad del conocimiento). Sin embargo, no tengo claro, por ahora, como evitar las otras dos dificultades. Si bien existe la posibilidad de que un número pequeño de usuarios activos puedan dirigir el funcionamiento diario de la red (punto 2) en este caso el peligro no estribaría tanto en ésto como en que alteren sustancialmente la ontología extraída del sistema. Con respecto al primero, sería en principio irrelevante si medimos confianza: encontrar un máximo significaría la aceptación de la organización del conocimiento que hace la comunidad. Si medimos sólo reputación, el problema no estaría resuelto (por ahora, aunque estamos analizando varias posibilidades).

Sobre la organización del conocimiento en una empresa Web 2.0 incipiente

niños interrogándose En las próximas fechas me voy a embarcar en un proyecto metaweb con otros profesores, estudiantes (de grado y de posgrado). No puedo dar detalles por ahora (por eso de la confidencialidad). El problema de la organización del conocimiento que previsiblemente se va a generar es el problema central de este proyecto. La idea, evitar, en la medida de lo posible, las dificultades que comenté en el post anterior. Después de un análisis preliminar, parece que va a ser imposible una organización rica y expresiva (en el sentido de que relaciones complejas interesantes entre los documentos estén perfectamente representadas). La aproximación que me parece más idónea será la combinación de técnicas de stream mining (es decir, la actualización rápida de los modelos de representación del conocimiento en base a la introducción continua de nuevos items en el sistema), evolución taxonómica (emparejamiento de patrones semánticos) y análisis formal de conceptos (retículos conceptuales). No conozco herramientas para esta gestión, de caráter híbrido, y será el objetivo primordial de una parte del equipo. En cuanto pueda hablar del proyecto (estimo que en un año se tendrá un prototipo del sistema, una beta que se pondrá en funcionamiento en la Web) comentaré la aproximación elegida.

Sobre la organización del conocimiento en una empresa Web 2.0 de éxito

 

La respuesta es: posiblemente no. De hecho, este problema es el que los incipientes proyectos metaweb pretenden evitar. Una empresa de ese tipo genera diariamente tal cantidad cantidad de datos y posee tanto conocimiento oculto (en lo ya almacenado) que plantea severas dificultades:

  1. Integración de la información de manera estática. La gran cantidad de información almacenada requiere un inmenso trabajo de integración, amén de necesitar la construcción de una ontología a partir de esos datos.
  2. Integración de la información entrante. Si por algo se caracteriza la Web 2.0 es por la libertad del usuario a la hora de organizar el conocimiento que aporta. Esto significa, entre otras cosas, que una masa crítica de usuarios podría (consciente o inconscientemente), reformular conceptos de la ontología que soporta el conocimiento de la empresa. Y, que yo sepa, no existen herramientas (ni teorías bien formuladas) que combinen esa nueva información con la antigua y sean capaces de predecir cómo cambiaría la ontología.
  3. Es muy caro. Está claro que sería muy caro, y, por ahora, no se percibe ningún beneficio para el valor de la empresa.
  4. ¿Y el feedback? Es decir, ¿y el usuario de la red social? ¿que opinaría de una organización del conocimiento que no se ajusta a sus intereses? ¿Y si una masa crítica de usuarios percibe que sus aportaciones están mal integradas (por el motivo que sea)? ¿Hasta qué punto los administradores del proyecto pueden (o deben) ocultar la forma en la que el conocimiento está estructurado? Es decir, ¿Qué parte de la arquitectura social de la red (véase figura) debe interaccionar o conocer las decisiones ontológicas tomadas en los puntos (1) y (2) para reformular la arquitectura de la participación?